La vida es un juego. No hay misterio. No hay suspense. Hay una sencilla fórmula para pasar de nivel: ser feliz.
Con el simple hecho de tener
la felicidad presente puedes alcanzar la siguiente pantalla.
Todo es una continua contradicción:
fácil y difícil de hacer.
Simple: sabes que es sencillo el mecanismo de pasar la partida.
Complejo: sabes que es increíblemente complicado pasarte la partida.
Y así de fácil es el juego, y así de difícil es pasárselo. Lo único que no puede haber, son dudas. Porque esto se remonta a una sola cuestión:
¿cuántos corazones te quedan en este nivel?