Esto lo escribí con el lado oscuro del corazón.

1 de junio de 2012

A medio gas.

Tal que así. Exento de inspiración, me hallo en una nube. No tengo musa o prisa alguna, pero sí necesidad de escribir. Tanto como dormitar, en este caso, entre las sábanas de la lujuriosa adicción que es este arte, el que usa el pincel para dibujar palabras y no retratos: escribir. Escribir en noches de insomnio, en arrebatos de estro, en búsquedas de encontrarse con uno mismo o sentirse realizado, como desahogo o como saltos entre minas de hastío.
Como el líquido que se escapa por esa fuga, en su envase herido, huye de él y sale al exterior. Así es como se hace. Es así como las palabras salen de mi mente y corazón, viendo la luz de este mundo en tinieblas, perdiendo así una virginidad literaria en el interior del escritor, dispuesta a ser vista desnuda por cualquiera.


Siento el crepitar del ansia, el anhelo de escupir lo que siento. Mas sin nada que incite a la exaltación, las ensoñaciones de este poeta vagan entre la oscuridad más lúgubre conocida: la de sentirse vacías. Un verso no es un verso si no es fruto de inspiración. Al igual que este fragmento de alma no está candente, porque carece de numen como llama.