Es increíble. El paso del tiempo, el deterioro del sentimiento padre, que va convirtiéndose, envenenándose; pasando a obsesión. De amor a obsesión. El 'quiero y no puedo'.
Por el miedo al miedo. Porque sé que iba a ser una misión fallida antes de llevarla a cabo. Miedo a que su trato cambie; que no me venga a abrazar por detrás con sus manitas de niña pequeña, sin saber que son las suyas, darme la vuelta y me cocacolaconmentosee el cuerpo. Miedo a que no me vuelva a pedir un beso; a que no me coja las manos mientras le pregunto qué tal está. Miedo a que no me vuelva a pegar si la vacilo; a que no me vuelva a lamer la cara. Miedo a no sólo tenerla lejos de la correspondencia sentimental, sino también del trato que tanto me gusta. Miedo a en vez de pensar en un futuro durante las noches de insomnio, arrepentirme del pasado, del momento en el que me aposté todo por un caballo perdedor y ella me rechazó. Miedo, en fin, a no sentir el dolor al que ya me he acostumbrado.