¿En qué me he convertido? Más bien,
en quién.
¿Dónde ha quedado ese ímpetu adolescente con el que nada era imposible? El que me hacía pelear mientras me quedase aliento por un hecho inalcanzable. Se fue a base de hostias por puños de la realidad, dejando estigmas en el alma y cicatrices emocionales.
Se ha vaciado el vaso. El cigarro de mi energía se ha ido consumiendo, quedando las cenizas de aquel luchador que podía con todo. Veo a ese soñador en el reflejo del ayer, avergonzado de su futuro.