Esto lo escribí con el lado oscuro del corazón.

11 de enero de 2019

Al filo de lo impasible.

Mi historia con el tiempo es, irónicamente, la del reloj de arena: cuando he terminado de narrar mis llantos sobre el tiempo, vuelvo a empezar. El tiempo no se detiene, y mi historia con él tampoco. Tragicómico.

Dicha historia, es una historia triste. Porque se ha de asumir desde el minuto 1, que no te va a dar tiempo a todo lo que te quieres hacer. Considero que eso es lo más duro que puede haber, y la broma más pesada de la vida: aceptar que no vas a poder viajar a todos los sitios que quieres visitar; no probar todas las comidas que te interesarían; no conocer a gente que te aportaría perspectivas nuevas sobre la vida; todas las películas, libros y música que te cambiarían por completo, pero nunca llegarán a ti; paseos con seres queridos que no ocurrirán más... Y una lista interminable con más experiencias maravillosas a las que tienes que decir que no, y que desearía continuar, pero no tengo tiempo...




Es la hora. La de aguantar la broma pesada. La de asimilar que, de antemano, nada más nacer, hay que rechazar cosas. Cosas que quieres hacer. Y te vas a quedar con las ganas